¿Qué onda
blogger?
Soy Shannon Watson y a mis 19
años soy más feliz que nunca. Seguro te preguntarás, ¿por qué? ¡Pues te diré! Porque
a esta edad por fin encontré la última pieza de mi gran rompecabezas llamado: “Meta
de Vida.”
Bien,
te cuento. Desde muy pequeña tuve una formación cristiana, la cual me enseñó a siempre
amar al prójimo y ser un buen samaritano. Gracias a esta formación, a la edad
de 6 años supe que mi más grande meta era ayudar a los demás, por más cliché
que suene. Sin embargo, yo solo era una niña y en mi cabecita solamente cabía
ayudar en cosas muy pequeñas. Mi concepto de ayuda era simplemente recoger
basura o dar palabras de aliento a un amigo/a que lloraba en clase.
A
la edad de 8 años mi vida cambia por completo. Tras el retiro de mi papá, me
mudo de California, mi lugar de origen, a Manzanillo, México. Como extranjera, tuve
que lidiar con diversas dificultades tales como aprender el idioma, adaptarme a
la cultura, al clima y al bullying de parte de mis nuevos compañeritos patanes
del colegio. Sin embargo, siempre teniendo un afecto cordial hacia casi todo el
mundo; tolerando, aceptando y mostrándome amable a los demás.
Pasó
el tiempo y a la edad de 12 años tuve un sueño: Ahí estaba yo, joven aún y vestida
de blanco, con una melena larguísima y suelta. Me encontraba situada justo en
medio de una especie de aldea con chozas hechas de barro, techos de palma y piso
de tierra muy anaranjada. Se asemejaba mucho a aquellas aldeas africanas que
alguna vez había visto en Discovery Channel. De pronto, me veía rodeada por
niños de tez muy negra. Me abrazaban con mucho amor y yo a ellos también.
Después bailaban alrededor de mí y yo bailaba con ellos también.
Cabe
mencionar que en su momento estaba pasando por la peor etapa de mi vida, pues justo
2 meses antes de soñar esto, mis papás se divorciaron y mi padre dejó la casa,
regresando inmediatamente a Estados Unidos.
Este
sueño me dejó perpleja por varias semanas. Tras revivir y analizar el sueño una
y otra vez, supe que no era solamente “un sueño.” Este sueño para mí marcó la
pauta de mi vida como “adultita.” Me ayudó a ver la vida con otros ojos y supe
en definitiva que efectivamente, lo mío era ayudar a los demás. Sin embargo, había
un pequeño, gran problema: ¿cómo y dónde rayos lo iba a hacer? Sabía bien que
había despertado en mí una gran curiosidad y pasión por el continente africano,
pero por Dios, ¡África es el segundo continente más grande del mundo! ¡¡Cincuenta
y cuatro países!! ¡¿Por dónde empezar?! ¡¿O en dónde enfocarme específicamente?!
Éstas
preguntas se las hice a Dios, apasionadamente, en repetidas oraciones con el
paso de los años. Llega 2015, año en el cual me iba a competir en diversas
áreas a la Convención Internacional Estudiantil en la New Mexico State University;
una convención para la cual me había preparado con un año de anticipación.
¡Jamás esperé lo que venía! La respuesta a mis oraciones. ¡Una pieza más de mi
rompecabezas!
Conocí
e hice muchísimos amigos de todo el mundo, literalmente. Sin embargo, no podía
creer la cantidad de amigos africanos que hice. Para mí era algo increíblemente
emocionante, dado por el misterio que me seguía cada día. Supe, inconscientemente,
que para el fin del esa convención la mayoría de mis preguntas serían
respondidas. ¡Y dicho y hecho! Hubo un grupo específico de chicos y chicas
provenientes de Uganda, situado en África oriental, que se ganaron por completo corazón. Hoy
incluso puedo decir que mi mejor amiga es una de las chicas de este grupo,
Solome Mukisa.
Supe
por fin, a mis 16 años, que Uganda sería el país en el cual yo serviría algún
día. Pero faltaba una pregunta por resolver. La pregunta del millón; la más
frustrante y problemática de todas, ¿cómo ayudar? ¿En qué área? ¿Qué rayos iba
a hacer ahí?
Claro,
viene lo más difícil. Comienzo a darme cuenta de que estoy creciendo. De que el tiempo pasa rapidísimo y ya es hora de decidirme por una carrera. Yo teniendo en mente que la forma en la que ayudaría, por supuesto, estaría ligada a la carrera que estudiaría. Tenía muchas en mente, sin embargo ninguna me convencía. Ésta fue una etapa extremadamente difícil para mí, pues no tenía claro que era lo que quería yo, Shannon Watson. Era un dilema increíblemente confuso.
Un día me harté. En mi desesperación decidí no buscar más la respuesta, o bien, la última pieza de mi rompecabezas. Preferí no pensar tanto y simplemente entrar a estudiar una TSU en Contabilidad e Ingeniería Financiera Fiscal. Digo, ¿es para lo que siempre he sido buena no? Números.
¡Dios! El error más grande de mi vida habría sido seguir estudiando aquella carrera tan aburrida. (Con todo respeto a mis lectores contadores.) A pesar de mis buenas notas, ¡no encontraba satisfacción alguna ahí! Y es que en muy poco tiempo supe en definitiva que Contabilidad no era para mí; que efectivamente debía seguir en busca de "la respuesta."
Salí de ahí y comencé a pedir a Dios por una carrera profesional más humana. Que me llenara. Que podría ligarse fácilmente a mi meta. Y bien, la carrera que JAMÁS me había cruzado la mente EN LA VIDA, fue la que de pronto se me puso enfrente.
Hubo una noche en la cual me sentía más frustrada de lo normal; estaba ya al borde de la desesperación. Esa misma noche, con desesperación imploré por una respuesta inmediata, pues ya no aguantaba más estar así. A la mañana siguiente, literalmente, me llegó un correo electrónico de la UDLAP, ofreciéndome una beca para la carrera de enfermería. No me preguntes ni cómo, ni por qué. Simplemente me llegó.
Sin saber si era efectivamente mi respuesta o no; sin haber tenido jamás una formación médica, decidí darle una oportunidad. Decidí comprobar por mí misma esta posible respuesta. ¿Y qué crees?
Por
fin a mis 19 años, a inicios de la carrera más bella que existe, puedo decir que armé mi
rompecabezas completamente. ¡Me he enamorado completamente de esta carrera! Cada día más y más. Me llena de orgullo decir que sé exactamente a dónde voy dirigida. Tengo bien marcada mi pauta y además muchísima curiosidad por conocer las experiencias que me esperan a lo largo de mi vida. Como mencionaba al inicio de esta semblanza... Soy la más feliz, teniendo siempre esto presente:
“Ayudar a los demás, es algo que te dará a cambio una plenitud que no
se asemeja a nada que hayas alcanzado antes.”
-
Arnold Schwarzenegger
Buenas
vibras de mí para ti, siempre.
Shannon
Watson

Me encanto conocer un poco de tu historia y me gustaría que algún día me platicaras mas sobre tu viaje a África.
ResponderBorrarWow...!! Muy buena tu historia shannon, me gusto mucho, es muy interesante como fue tu manera de expresarte, como explicaste las situaciones que pasaste. Ánimo, y te deseo mucho éxito para que te conviertas en una buena enfermera.
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